En este plano en que vivimos, la pulsación, el cambio se registran cuando “algo" pasa de un estado a otro.
En nuestro cuerpo, nuestra respiración pulsa naturalmente, orgánicamente entre dos extremos, dos polos, inspiración y exhalación.
Todos aceptamos de buen grado este cambio de estado que nos mantiene con vida. Nadie se plantea que un polo es bueno y el otro es malo, que inspirar es bueno y soltar el aire es malo o viceversa, ya que para este ejemplo polarizarse, es decir elegir un solo polo ó congelar la pulsación, implicaría la muerte.
Sin embargo a nivel de nuestra personalidad, aprendimos a sostener una mirada POLAR de la realidad, en la que suponemos que “hay polos buenos y polos malos"
Si elegimos un polo, tenemos que eliminar el otro polo de nuestra elección.
Del mismo modo nuestra personalidad pretende polarizar nuestra identidad definiéndola mediante una serie de etiquetas que nos “enseñaron" a aceptar como “buenas" para nosotros en nuestra temprana infancia. Si aceptamos ser una persona “amable" nuestra personalidad se resiste a ser “desconsiderada". Si aceptamos ser tímidos nos resistimos a ser extrovertidos.
Por sucesivas aplicaciones de este mecanismo con todos los aspectos “buenos" de nuestro ser construimos nuestra estructura de personalidad y con los aspectos “malos" construimos nuestra sombra. (Aclaramos que bueno y malo no siempre coincide con lo que socialmente se considera bueno y malo sino son términos subjetivos, es decir, lo que cada uno se permite mostrar y lo que no se permite expresar, siendo muchas veces estos parámetros inconcientes.)
Nuestra identidad total se disocia, se polariza, entre personalidad - sombra
Esta disociación hace que seamos concientes y solo mostremos al mundo nuestros aspectos aceptados, la estructura de personalidad y que inconcientemente ocultemos los aspectos de nuestra identidad no aceptados, nuestra sombra.
Podemos decir que Personalidad y Sombra son los dos polos de nuestro Yo Integrado, como Inspiración y Exhalación son los dos polos de nuestra respiración.
Un ser adulto integrado (no abundan y constituyen el objetivo final de nuestro trabajo) tiende a resolver la realidad con todo su ser, es decir, pulsando entre su personalidad y su sombra y siendo conciente de su esencia.
Una “persona adulta" (término que en si mismo implica una contradicción ya que nuestra personalidad está plagada de mecanismos infantiles) tiende a resolver la misma realidad mostrando solo una parte de lo que es (su personalidad) y ocultando, reprimiendo la otra parte (su sombra).
La palabra “persona" proviene del latín y significa “máscara". Nuestra personalidad enmascara, rigidiza y congela en un rictus la fluidez y la pulsación natural de nuestro ser esencial.
La mente, el cuerpo y gran parte de nuestra energía se congelan al servicio de expresar nuestra personalidad y ocultar nuestra sombra, impidiéndonos conectar con nuestro espíritu y sentido de vida.
Esto a largo plazo es tan suicida como pretender congelar la pulsación de nuestra respiración.
Vivimos inmersos en un campo de realidad infinito que no podemos manejar a nuestro antojo, debemos MOVERNOS a través de este campo respetando las leyes que regulan este movimiento. Aceptar pulsar entre: resolver la realidad en algunas ocasiones desde nuestra personalidad y en otras desde nuestra sombra, es una ley fundamental de esta realidad.
Nuestra personalidad trata de forzar esta ley de pulsación para sostener “la buena imagen" de nosotros mismos que hemos aprendido y que nos da un falso sentido de identidad.
Todo nuestro trabajo, tanto en el abordaje individual como en el grupal y mas allá de las técnicas que empleemos para llevar adelante cada actividad, está orientado a tomar conciencia de este congelamiento de nuestra personalidad, generado en nuestra infancia, que se manifiesta en la adultez como mecanismos de defensa infantiles (mentales, corporales, emocionales y energéticos), que representan el origen de la mayoría de nuestros malestares y el mayor escollo a nuestro crecimiento.
Paralelamente en nuestra tarea, buscamos desarrollar una batería de herramientas nuevas y despertar o recordar potencialidades que nos permitan “descongelarnos" recuperando paulatinamente la pulsación de nuestro ser total.
Para descongelar una barra de hielo necesitamos calor, Energía.
Como seres humanos somos cuerpo, somos mente, somos espíritu y cada uno de estos aspectos pulsa y hace pulsar a los otros en un infinito giro evolutivo a través del espiral de la conciencia.
Aprendemos a pulsar en sintonía con una realidad pulsante en lugar de pretender omnipotentemente, congelar la realidad a la medida de nuestra personalidad congelada.
Las palabras claves para sostener este proceso son INTEGRACIÓN Y ACEPTACIÓN . Integración de los distintos aspectos de uno mismo, integración con los otros y con el universo del que somos parte. Aceptación como única vía para efectivizar el cambio. Para cambiar solo podemos partir de lo que realmente somos en cada momento y no de nuestras fantasías o deseos infantiles que niegan a nuestro ser total.
Tomar conciencia y aceptar aquí y ahora, cuales son nuestras áreas congeladas, detenidas en el tiempo, libera una cantidad de energía que en sucesivos pasos nos permite descongelar la rigidez de nuestra personalidad, recuperando la pulsación que fuimos perdiendo. Esto a su vez nos da más energía para elevar nuestra conciencia accediendo a aspectos y niveles de conciencia que aun no conocemos de nuestro ser, en un constante crecimiento, haciendo un continuo proceso de síntesis y expansión de conciencia.
Autores
Ing. Pedro Coronas
Lic. Sandra Dreifuss
Teléfonos
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